En un lugar muy, muy pequeño, tan pequeño que no se ve a simple vista, vivía una familia de piojos. Su casa no era un árbol ni una cueva, sino un bosque muy especial: el cuero cabelludo de un niño llamado Martín.
Y así, los piojos volvieron a la naturaleza, mientras Martín aprendió que no hay que tener vergüenza: los piojos son solo insectos pequeños, sin alas, que caminan rápido y viven en el pelo, y con un tratamiento adecuado, se van tan rápido como llegaron. como son los piojos
Cuando Martín empezó a rascarse mucho la cabeza, su mamá usó un peine especial de dientes muy juntos. Fue como un terremoto para los piojos. Rápido, Oculata y sus liendres fueron atrapados. Pero antes de irse, Oculata susurró: "No te enojes con Martín. Solo somos pequeños viajeros buscando un hogar cálido." En un lugar muy, muy pequeño, tan pequeño
Rápido añadía: "Pero hay algo muy importante: a los humanos no les gusta que estemos aquí. Nos tienen miedo o asco, pero no deberían. No somos sucios. De hecho, nos gusta el pelo limpio, porque es más fácil moverse. Cualquier niño, sin importar si se baña todos los días, puede recibirnos. Solo necesitamos contacto: un gorro compartido, un cepillo, una siesta juntos en la alfombra, o dos cabezas juntándose para ver un libro." Cuando Martín empezó a rascarse mucho la cabeza,
Oculata le explicaba a sus hijos: "Nosotros no queremos ser malos, pero necesitamos comer. Y nuestra comida favorita es la sangre del cuero cabelludo. Por eso nos encanta el calorcito y el movimiento."